Ivana Dragon trabaja desde hace varios años en departamentos privados de Capita Federal y vio de todo. En este relato nos muestra la cocina de un lugar perverso, donde los amos son los esclavos. Y ella tiene las llaves del infierno.

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Me presento. Trabajo en un lugar perverso, donde si alguna vez fuiste, tuviste más dudas que certezas. Yo trabajo en la cocina, pero no es la de ningún resto o bar, es la cocina de un lugar que da placer. Donde lo hombres creen que por pagar a una puta se hace lo que él cree, y déjenme desmitificarlo. Ahí los hombres no mandan, ahí los hombres son naranjas mecánicas, listas para ser exprimidas. ¿Cual es nuestra frase de cabecera? Desplumalo. Con mayúscula. Les presento la cocina de un lugar llamado departamento privado, un lugar que podés decirle puterío, pelotero, gallinero, llamalo como quieras, pero no vas a negar que a diferencia de las creencias, quien manda no sos vos. Soy recepcionista, soy la que te cobra, te dice los aranceles y te llevo a las chicas para que elijas. Soy la que te cobra el preservativo, y mientras tengas con qué pagar mi porcentaje, sos bienvenido. Cuando quedaste desplumado, soy la que implacablemente te pide que te retires. Como dice la canción, te abro la puertita para jugar, pero también puedo cerrártela y no jugás más. ¿Perversa yo? No. Bah, puede ser, pero ¿que harías vos si tuvieras las mismas llaves del infierno? Ahí, la que no corre vuela, pero la que no coje, vuela más rápido.

Invitarte a venir. Es extraño, pero me han pasado situaciones muy bizarras. He trabajado en lugares Vip’s, con chicas llamadas escorts, donde vos llamabas o las podías ver por fotos en Internet, o venías y te las mandaba a tu casa. La función de la recepcionista es primordialmente doble: atender el teléfono e invitarte a que vengas, convencerte sin ser vulgar, y que pagues, dos cosas que a las chicas que laburan en esto es lo único que no se les puede pedir. Sin ser peyorativa, estas chicas a las cuales quiero y odio, solo pueden abrir las piernas, porque cuando abren la boca la cagan. Yo sutilmente a los clientes los invito, los provoco -sin ser vulgar, repito- y describo cómo es cada una de las chicas, haciéndome pasar por ellas, y sin usar ningún tipo de léxico chabacano. Si tenías intenciones de venir y escuchás su charla, estoy segura de que no lo hacés. Me pasó de escuchar esto mientras venía del baño: ‘oíme papito, vos venís y te la pasas bien bien, eh, te la chupo hasta que no te quede nada‘ (sumale un tonito paraguayo). Obviamente ese pobre no va a aparecer. Tampoco las chicas pueden cobrar ni poner orden, porque sin el orden, todas usarían peluca: se sacarían literalmente las mechas. Además de quedarse con la plata.

Travestis. Trabajé en cinco lugares, en un departamento en Recoleta, donde el dueño era un gay que se vestía de mujer; otro en Palermo donde había varios travestis, otro en Belgrano, con seis señoras, etc. Con uno de los travestis de Palermo nos insultamos fuerte, porque se pensó que yo no me daba cuenta de lo que hacía, que era la típica, y lo mandé al frente. ¿Cuál es la típica? Arreglar con el cliente para verse afuera y cobrarle, para quedarse con la plata. Entonces encaré al trava, y el osó decirme ‘gorda de mierda’; mi respuesta fue ‘gorda pero mujer, cosa que vos, camionero con minifalda, no vas a ser nunca’. En ese mismo lugar venía un actor famoso a que le den murra. Ahí los clientes, mientras yo les abría para que se retiren, me invitaban a cenar. Varias veces me quedé asexuada, porque de tanto escuchar ‘traca traca ahh ahh si si oh yeah’, es como que la libido se te baja. Por eso tengo una frase: ‘cuanto más conozco al hombre, más quiero a mi consolador’.

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Cárcel abierta. La recepcionista es maestra, madre, hermana, amiga y preceptora, o mejor dicho, es celadora en una cárcel de máxima seguridad, pero abierta. Ahora, las recepcionistas no pueden bajar a abrir, solo hablar por teléfono. No pueden bajar por la nueva ley, porque en este momento si sube al departamento alguien de gendarmería y me encuentra con plata, yo estoy regenteando y me hacen una contravencional y quedo escrachada como prostituta. Ahora les abren las chicas, lo pasan a la habitación, le cobran y me traen la plata. Pero ahora no puedo ver que chanchullos hacen. Yo venía acostumbrada de trabajar en lugares Vip’s, y de repente me encontré con un lugar donde parecía un pasillo de neuropsiquiátrico, donde una de las chicas les daba crack para fumar a los clientes.

Mucamos. Pero por una cuestión de necesidad, trabajé en un departamento que no era Vip. Cuando entré, me hicieron sentar en una recepción, con un escritorio, un televisor y un monitor donde se veían 4 cámaras. En una de las cámaras veo gente parada, moviéndose, haciendo movimientos de brazos; en eso entra un cliente, paga un servicio con una de las chicas, se va para ese lugar y lo veo por una de las cámaras que agarra una escoba y empieza a barrer. Voy y le digo que no lo haga, pero una de las chicas me dice ‘dejalo, a él le gusta venir, se copa limpiando la escalera, el piso, ese es su mambo’. Pagaba por limpiar, no para ir a tener sexo. A partir de ese momento me propuse abrir un poco más mi cabeza, que ya la tengo bastante abierta. Pero tenia que ampliarla más.

Drogas y cajeros. Las chicas son muy susceptibles, porque así como una las ve, que tienen que ser supuestamente frías y fuertes, en cuanto le decís algo y les molestó, se ponen a llorar. Todas. A veces por eso tenés que tener un rol de madre – hermana – tía – prima. La anécdota más típica es estar sola con una chica y empiezan a caer clientes; entonces está dos segundos con uno, sale de la habitación, le dice que va al baño, va con el otro, y así toda la noche, con todos. O de repente sale una de las chicas con el cliente, y dice ‘ya venimos’, lo acompaña al cajero y lo hace venir con la plata. O directamente van ellas al cajero, tienen la clave de la mayoría, mientras el tipo está en la habitación drogándose. Hay tipos que se pasaron 48 horas en la habitación; ellas también venden cocaína.

Reitero: son lugares raros, con situaciones raras, con personajes raros, aunque creo que este tipo de gente es mayoría y en la calle, a plena luz del día, no te vas a dar cuenta. Yo sólo les digo: vengan con plata, si quieren que se abra la puertita.

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