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Foto: Martín Caparrós

Conductora de TV en Canal (á) con el programa ‘En Qué Bar’ y escritora con un par de novelas publicadas, Luz Marus es una persona inquieta. Hasta la amenazaron los árabes por una editorial que escribió en una revista digital. De tevé, literatura, felicidad y amor nos habla en esta rica entrevista.  

Por Alexis Socco

Es escritora y también conduce un programa en Canal (á), ‘En Qué Bar’ (ver programación), donde se junta con un entrevistado proveniente del mundo cultural para hacer una charla distentida y descontracturada. Luz Marus editó su primera novela ‘La Amante de Stalin’ en 2012 y un año después vio la luz ‘Tu Última Lolita’, una historia de amor casi autobiográfica que desafía géneros y convenciones literarias. Vive en Buenos Aires y aún no pisó los 30 años, aunque es un tema que le ‘preocupa’ y que al final de la entrevista comentará. “Es evidente que mi tema de escritura es el amor y uno de mis libros de cabecera ‘Fragmentos de un discurso amoroso’ de Roland Barthes. Me gustaría, te juro, que me interesen más otros temas. De hecho cuando los pienso me preocupo mucho, por el hambre en el mundo, descomunal, las guerras, los niños huérfanos de todo, los ancianos en soledad. Me matan los ancianos solos. La soledad y la orfandad en el ser humano es otro de los temas en los que me gustaría bucear. Creo que mi tercera novela tendría que ver un poco con eso“, le cuenta a Nuez Moscada.

Este año comenzaste en Canal (á) con un programa de entrevistas a personalidades de la cultura. ¿Cómo llegaste ahí y que sensaciones te dejó ‘En Qué Bar’, tu debut en la televisón?
Mis sensaciones con el programa fueron muchas. Al principio un gran agradecimiento a una persona que se jugó por mí, creyó y me pasó un contacto para presentar el piloto. Después el asombro de que al genio de mi jefe Esteban le gustó de entrada, y a su asistente Ariel que tiene una gran paciencia amorosa conmigo. En la primera reunión ya me hablaban del contrato y me dieron una copia. Yo lo no podía creer. Después vino el trabajo más arduo, tratar de adaptar lo que era pura intuición creativa a directivas concretas de un canal de televisión. Aprendí mucho y les estoy muy agradecida por todo. En cuanto a las entrevistas, fue un placer. Elegí gente con la que de verdad me tomaría un café para charlar y todas las charlas fueron sinceras. Después hubo un gran trabajo de edición donde se elegía qué quedaba y qué no. Pero las charlas a veces duraban dos horas, y el programa en sí dura 25 minutos. Los elegí a todos yo, y son toda gente que admiro y que disfrutamos mucho de tomarnos un café en un bar a las once de la mañana. Me entusiasmaba la producción, arreglar todo antes, prepararme, elegir qué ponerme, googlear durante noches al entrevistado para conocerlo más, pero nunca iba con nada totalmente preparado. Era como una idea de lo que era o podía ser esa persona y las dudas reales que me generaban. Creo que una entrevista funciona cuando preguntas de verdad lo que te interesa saber, por más que a veces pueda sonar atrevido. Pero estuvo todo bien. Terminé muy bien con cada uno de los entrevistados y todavía quedaron más en el tintero. Pero fue algo muy natural, ellos elegían el bar a veces, otras veces lo elegía yo, dependiendo de las condiciones técnicas.

¿Algún entrevistado fue más dificil?
No, algunos me intimidaban más como el caso de Hida Lizarazu, que la admiro mucho desde siempre, pero una vez ahí me relajé y me pude reír con ella que es muy genia, muy humilde y talentosa. Con los hombres en general siempre la paso bien, el trato es muy amable. Con las mujeres no siempre, está el caso excepcional de Hilda y de Silvia Hopenhayn, que son dos mujeres maravillosas. Con los cineastas, músicos, caricaturistas, directores de teatro, fue lo más parecido a una cita en un bar entre amigos. Creo que eso se ve en el programa. De todas formas, me falta seguir aprendiendo y le estoy muy agradecida a la gente de Canal (á) que me enseñó a hacer televisión. Por ejemplo, a no pisar tanto al entrevistado, que me pasaba mucho al principio, como pasa en una charla común. Me decían “está bien que sea una charla de verdad, pero nunca te olvides que antes que nada es un programa de televisión y que hay unas cámaras y unos micrófonos dando vueltas”. Tener esas dos cosas en la cabeza y a la vez no desconectarme de la mirada del otro, fue realmente un hermoso aprendizaje. Y además, me divertí mucho. Son toda gente muy interesante, con sentido el humor, de la ironía, y muy cultos.

Editabas una revista digital llamada La Unica, ¿por qué no sale más?
Mi paso por la revista La Unica me dio muchas cosas, me quitó otras, como todo lo intenso. Yo soy muy cambiante, siento que hay cosas allí que ya no me representan, editoriales que ya no hablan de quien soy ahora. Y sobre todo, como me dijo mi querido socio Roni Bandini: “lo que no te representa es que te mate un árabe”.

¿Por qué decís eso?
Por amenazas que tuve después de publicar mi último número sobre la masacre de París, con diferentes caricaturistas de todo el mundo y una editorial mía. Realmente el caso me afectó mucho y por eso saqué ese número, y después de recibir varios mensajes privados, una vez que salí del asombro, realmente me asusté mucho. Recibía mensajes del tipo “Mahoma no perdona, sabemos donde vivís”, fue horrible pero bueno, creo que ya pasó. Son cosas que dan miedo pero que uno no puede tomárselas del todo en serio, pero a la vez, sé que eso fue lo que creyó Charb también, el director de Charlie Hebdo. El mundo es mucho más cruel de lo que todos nos podemos imaginar.

En tu novela ‘Tu Ultima Lolita’ hay una frase que dice “tengo obsesión con las otras -algunas otras- mujeres”. ¿Qué tipo de obsesión es y de dónde creés que viene?
Bueno, eso no es una idea mía sino de mi psicoanalista y creo que la sacó de Freud, Lacan y algunos otros. La competencia con la madre por el amor del padre. Todo de manera inconsciente, por supuesto. Yo no me doy cuenta de nada de todo eso. Pero cuando lo escucho decir eso, algo me cierra y digo: puede que tengas razón y que nos pase a muchas, pero a mí más que a otras.

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Foto: Diego Durañona

Luz piensa que su escritura es pura catarsis y que escribe para entenderse, para que la entiendan “y, por qué ocultarlo, para que me amen”.
¿Creés que vale el reconocimiento externo?
Claro que vale. Y es tan importante tener amigos como enemigos. Siempre, lo peor es la indiferencia.

¿A qué se llama felicidad?
Yo creo -y esto me suena también haberlo leído en algún lado- que es ese momento donde tus fantasías se parecen de manera más cercana a la realidad. A eso llamo felicidad.

Ya que escribís sobre el amor, ¿creés en el amor?
Sigo creyendo. A pesar de que muchos caballeros -son siempre caballeros- hicieron lo imposible para que deje de creer. El otro día me descubrí creyendo otra vez, para volver a descreer, y así. Ojalá nunca se me vaya esta, no sé cómo llamarla, “inocencia”, frente al amor romántico.

¿Cuesta más creer cuando te hizo mal?
Yo creía que sí, que costaría, pero me sorprende ver que no, que volvés a caer como el pichoncito en la trampa, y eso es lo maravilloso. Y te repito: ojalá nunca deje de creer. No puedo vivir sin enamorarme. Me cuesta mucho todo: la vida cotidiana, los trámites, viajar, todo sin estar enamorada es engorroso para mí. O casi todo.

Me decías que también querías incursionar en la música…
Ojalá que sí, estoy buscando el guitarrista ideal, cosa que no es fácil, para hacer un dúo. No es fácil por mi personalidad (deberíamos llevarnos muy bien) y por mis gustos musicales. Ojalá lo encuentre pronto y podamos hacer algo: una sociedad donde prime el placer, el gusto y la comprensión mutua. También hay una propuesta de otro programa sobre músicos pero de eso no puedo hablar mucho todavía.

Y la escritura, ¿la dejaste de lado?
No. Hay otro libro, sería un ensayo, algo que no probé nunca. Sobre un tema polémico. Si sale ya lo verán. Todavía está en proceso de producción. Y ya tengo elegida la editorial, ahora hay que ver si esa editorial me elige también a mí. Es así, o es mutuo o no es, como en el amor.

No creo en la frase que dice que un caballero no debe preguntarle la edad a una dama, pero la pondré en práctica. No obstante, estás preocupada porque los 30 te acechan. ¿Es para tanto?
Esta pregunta tiene dos respuestas. Una: te odio Alexis. Dos: Este tema, algo que yo podría cantar.

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