Discos-de-Vinilo8No es una novedad aseverar que los viejos discos de vinilo están teniendo un repunte considerable en los últimos 4 o 5 años, ya sea en nuevas reediciones o en el mercado de usados. Lejos ya de ser una moda o un revival pasajero, la venta y fabricación de vinilos se está convirtiendo en una prudente, aunque todavía incierta, apuesta de la industria a volver a fabricar objetos que sean una alternativa de calidad ante la piratería y las descargas virtuales. ¿Será posible en la era digital semejante “retroceso” tecnológico?

Por Marcelo Baltar

El avance de la tecnología ha sido algo muy notorio en la historia de la música grabada. Discos de pasta, longplays de vinilo, magazines, cassettes, CD y formatos comprimidos como el mp3, demostraron que la tecnología siempre ha procurado optimizar mayor información en menor espacio físico. Por esa razón, la irrupción masiva del CD en la primera mitad de los años 90, desplazó de manera natural a los discos de vinilo, por las ventajas de su mayor duración (74 minutos frente a los 50 de un LP), su portabilidad (para escuchar en la casa, caminando con un disc-man o en el auto), y su resistencia a ser reproducido infinidad de veces sin tener prácticamente desgaste ni adquirir la “fritura” habitual de los vinilos. Durante casi toda la década de los 90, el CD reinó sin problemas. Los músicos se dieron el lujo de hacer álbumes que superaran los 70 minutos, y la industria aprovechó el nuevo formato para reeditar material viejo con el agregado de canciones extra (bonus tracks), incluir abultados libritos con mucha data y fotos, y brindar un sonido digitalmente remasterizado.

El primer escollo para el reinado del compact disc fue la venta masiva de grabadoras de CD, que demostró que este formato era tranquilamente “clonable”, y se podían hacer innumerables copias en baratos CD vírgenes sin perder en absoluto la calidad del sonido. La segunda trampa fue la aparición de los formatos de audio comprimidos como el mp3. La ecuación para los nuevos piratas digitales era sencilla: con 1 solo CD comprado en una disquería se podían hacer infinidad de copias truchas y se podía subir el audio a Internet para ser descargado gratuita e ilegalmente por otra infinidad de usuarios.

Ante semejante descontrol (también ayudado por las propias multinacionales creadoras de grabadoras de las CD y de los i-pods), la industria discográfica empezó a doblar la apuesta, mejorando el arte de tapa de los CD, para revalorizar al “objeto”, y remasterizando por enésima vez el sonido. Pero eso no fue suficiente para frenar la piratería. Por otro lado, los viejos discos de vinilo, empezaron un lento resurgimiento a fuerza de haber mantenido por décadas un estándar de calidad sonoro y un arte de tapa incuestionables. Quienes poseen un buen equipo de música pueden notar enseguida esa diferencia en el audio. Sin entrar en tecnicismos, el sonido analógico (grabado originalmente en cinta, sin computadoras) tiene un rango mayor en cuanto a sonidos más brillosos, más estridentes, bajos más punzantes, y una forma de audio “no comprimida”, es decir no adaptada a “calzar” en una determinada cantidad de bits de información digital. Por lo tanto, esos estándares incuestionables volvieron a poner al vinilo en un lugar de mayor demanda en el mercado de usados y de coleccionistas, y en un factible nicho de consumidores para la actual y futura industria discográfica.

Qué dice el mercado

En Mar del Plata nos encontramos con un panorama muy similar a lo que ocurre en el resto del país. Los vinilos usados están cotizando mucho más que hace 10 años. Se nota también una enorme diferencia de precios según de qué estilo musical o de qué intérprete se trate. Los discos de artistas consagrados del rock argentino de los 70 y 80 (Pappo, Sui Generis, Pescado Rabioso, Soda Stereo, Sumo, Los Redondos, etc.) tienen valores desmesurados que no bajan de los 200 pesos y llegan tranquilamente hasta los 5000. Un mercado que evidentemente se maneja más por el valor simbólico de estas obras y no por el valor intrínseco del material con el que están fabricados estos objetos. La mayoría de estos LP, de factoría nacional, tienen un arte de tapa de baja calidad (cartón excesivamente blando) y unos discos de muy bajo gramaje, muy flexibles, de mucha menor calidad que discos prensados en EEUU, Europa o Japón. El rock sigue siendo el género más buscado por los coleccionistas, aunque también algunas gemas del jazz o rarezas del tango son muy buscadas y cotizan arriba de las tres cifras.

En el circuito del centro marplatense hay varias opciones: vinilos usados en compraventas,  casas de antigüedades y librerías; disquerías especializadas como Punto Secreto, otras que intercalan nuevos y usados como Gulp, y también las disquerías Yenny y AGB que tienen un modesto stock de las nuevas ediciones de 180 gramos. También hay varios puestos en el mercado de pulgas de Plaza Rocha y varios locales de usados en la Galería Eves.

Consultado sobre el tema, el especialista Adrían Arellano (conductor del programa radial ‘33 RPM’ basado en vinilos), comentó a Nuez Moscada sobre lo que ocurre en el resto del país. “Los precios de los vinilos nuevos (que suelen ser dobles y de 180 gramos) promedian los $400, $500. Desde ya que los hay más baratos y más caros según la edición. Estos precios son los que pude ver personalmente en las ciudades de Bahía Blanca, Mendoza, San Salvador de Jujuy, Córdoba y Rosario. En la Ciudad de Buenos Aires los precios rondan ese mismo valor para los discos sellados. En cuanto al mercado de los usados, los precios varían muchísimo ya que el precio nos está regido más que por la oferta-demanda, donde por un vinilo de Spinetta llegan a estar pidiendo la módica suma de 7 mil pesos”.

Esta supuesta “resurrección” de los discos de vinilo impacta fuertemente en las reglas del mercado. Los precios elevados de los usados no ayudan en absoluto a que los discos nuevos tengan valores más económicos. Al no ser fabricados en Argentina, ningún vinilo nuevo baja de los 350 pesos, dato que supone una difícil (si no imposible) vuelta definitiva de este formato a todas las disquerías locales, por lo menos en estas condiciones. También cabe preguntarse: ¿quiénes serían los consumidores del nuevo-viejo formato? Los que ya pasamos los 40 y somos “inmigrantes digitales” -criados en el mundo analógico del vinilo, el cassette y el VHS -tuvimos ya una paulatina pero casi definitiva estadía en el mundo digital de los CD, los DVD e Internet. Sólo una pequeña parte, tal vez los más melómanos y exigentes, está dispuesta a comprar discos de vinilo. Y ni hablar de los “nativos digitales”, jóvenes veinteañeros y adolescentes criados en el mp3, acostumbrados a abultadas carpetas virtuales con cientos de canciones y a hacer doble click en su canción favorita, o escuchar 10 segundos de una canción, aburrirse y pasar a la siguiente.

Formatos y formas de escuchar

El nativo digital se ha vinculado con la música desde formatos portátiles y música rápidamente descargada, acostumbrado a una inmediata gratificación, y sin detenerse en la calidad sonora ni en la escucha de un álbum completo. Las nuevas formas de escucha pueden prescindir también de ese lugar físico (generalmente el living comedor) en el que estaba el equipo de música sobre el cual se musicalizaba la vida familiar. Ahora cada cual tiene su i-pod, celular o netbook, y por supuesto sus auriculares, para escuchar en soledad su música favorita. Aquel artista que otrora grababa discos conceptuales, con un orden de canciones que tenía una lógica, poco o nada puede hacer para revertir esta tendencia a una escucha “zapping”, donde la tecnología permite saltear temas y armar el propio playlist. Resulta difícil congeniar la paciencia requerida para la escucha de corrido de un disco que dura 45 minutos, con la impaciencia y la tentación de clickear el tema que uno prefiera en una carpeta de 200 canciones o acceder al instante a un video en Youtube.

El vinilo parece estar al acecho esperando pacientemente que la gente se “empache” de tanta música comprimida, para volver a pegar su zarpazo. En Estados Unidos y en Europa esta realidad es más palpable. Cadenas como El Corte Inglés, Virgin, HMV y otras, osan tener espacios exclusivos  donde se exhiben numerosos vinilos nuevos, en su mayoría reediciones de clásicos del rock, con precios que oscilan entre los 20 y los 30 euros. También hay un mercado, mucho más limitado aún, de músicos independientes (como Boom Boom Kid en Argentina) que editan en vinilo, tal vez como parte de su “alternatividad”, o como una forma de preservar el culto al disco como un objeto artístico y único. De hecho, ésa fue siempre la esencia de estos pedazos de plástico: ser un objeto que por arte de magia regala música desde sus surcos en un ritual de extrema complicidad con quien se sienta atentamente a escuchar frente a una bandeja.

Los más buscados

Algunos vinilos argentinos que son muy buscados por tratarse de ediciones de última época (principios de los 90), por contener alguna rareza en su edición, o por no haber sido reeditado en CD.

Pelusón of Milk (Luis Alberto Spinetta) y Tango IV (Charly García y Pedro Aznar). Ambos editados originalmente en 1991 en tiradas más discretas debido al inminente avance del CD.

Artaud (Pescado Rabioso). La forma de la tapa en la edición original de 1973 seguía las líneas del dibujo, era imposible de ubicar en una batea.

Porsuigieco (Raúl Porchetto, Sui Generis, Leon Gieco, María Rosa Yorio). La primer tirada trae el tema -luego censurado- “El fantasma de Canterville” en el vinilo, aunque en la carátula aparece “Antes de gira”, el tema que lo reemplazaría definitivamente.

Gulp (Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota) Primera tirada, aparecida en 1985 con las tapas elaboradas una por una con técnica de serigrafía.

Twist and Shout, único simple de los Beatles editado en disco de pasta de 78 rpm.

Esta nota está publicada en el Número 5:
http://issuu.com/NuezMoscada/docs/nuezmoscada5

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