Por Alexis Socco

jorge-lanata-1No necesita presentación. Aquel que quiera más datos sobre Jorge Lanata puede ir a la Wikipedia. O leer el libro que lanzó Luis Majul a fines del año pasado, que se convirtió en un éxito de ventas y donde toda su vida está muy bien condensada, con datos sugestivos que hasta ese momento no se conocían. Pero no se habló en esta entrevista con Lanata sobre su vida privada, sino particularmente sobre lo que sabe hacer: periodismo. Y eso derivó hacia otros temas. Lo extraño es que se presenta a la charla como un periodista simple y silvestre, cuando en realidad -y él lo sabe- es el personaje que hace las veces de opositor principal al actual gobierno kirchnerista y una de las personas más influyentes en la escena mediática del país. “Cada tanto hago algo que explota, pero no puedo estar condenado a que siempre me vaya bien  A veces te va bien, otras no…”, explica, como queriéndose sacar esa mochila que el 46 % de la población ‘no K’ le ha colocado.

¿Cómo fueron aquellas experiencias periodísticas de la década del 80, cuando estabas al frente de revistas como El Porteño y El Periodista, publicaciones que marcaron un punto de quiebre en el periodismo de investigación? 
Fueron distintas experiencias. A El Porteño lo manejé, mientras que en El Periodista sólo laburé desde adentro. En El Porteño hicimos una cooperativa los periodistas, que como experiencia fue interesante pero también me sirvió para darme cuenta de que nunca más haría una cooperativa de periodistas (risas). El concepto que teníamos de cooperativa era a la Argentina: todo muy ingenuo. Todo se votaba, todo se discutía, y era muy poco operativo. Había una cabeza, pero estaba todo tiempo en cuestionamiento. Hacíamos una asamblea todos los meses y cada asamblea era una manera de revalidar el mandato. Y era imposible, estábamos más preocupados por ganar la asamblea que por hacer una buena revista, y eso nos alejaba completamente del objetivo. Otra cosa ingenua fue el hecho de que todos ganáramos lo mismo. Fue un error, no es la mismo la responsabilidad mía como jefe de redacción que la del cadete. Al final, el tipo que tenía mucha responsabilidad estaba resentido porque sentía que cobraba poco y el otro cobraba demasiado para lo que hacía. Más allá de eso, fue interesante la experiencia. Cuando nosotros lo agarramos, El Porteño vendía 8 mil ejemplares y llegamos a subirlo a 20 mil. Creo que fue la única vez en mi vida que retomé una marca que ya estaba. Lo que hice después fue armar marcas nuevas.

¿En esa época no había más romanticismo en la profesión periodística? 
Quizás en algunas cosas sí. También hay que pensar el contexto de aquella época: eran los primeros años de Alfonsín, había más romanticismo en la política en general. Había una pelea con la dictadura que no se terminaba de ir, era otro momento del país. Casi no había periodismo de investigación, algo que se terminó de consolidar con Página 12 después. Había existido en los 60 pero después desapareció y volvió con Página, y ahí terminó poniéndose de moda en medios tradicionales que nunca habían hecho investigación.

¿Te gustaba Cerdos y Peces, la revista de Enrique Symns? 
Me gustaba Symns, más que la revista. Y me gustaba más El Porteño que Cerdos y Peces. El problema de las revistas de ese tipo es que llega un momento en que se terminan convirtiendo en una copia de sí mismas. Desarrollan un estilo pero después no lo renuevan. Y pierden la sorpresa. Me parece interesante la postura contracultural pero llega un momento donde sólo es una postura. Y pierde riqueza.

¿Cómo ves al periodismo hoy, donde está todo tan mecanizado y hasta burocratizado? 
Hoy el periodismo está hasta ideológicamente cuestionado. Es muy raro lo que está pasando. El periodismo se transformó en una cuestión de fe: ahora los hechos desaparecieron, lo que importa es quién los dice. Lo cual es un delirio, porque los hechos existen en sí mismos. Yo me pasé criticando a Menem durante todo su gobierno  y nadie me decía ‘pero decime lo bueno que hace Menem’. Ahora critico a Kirchner y me dicen todos ‘pero decime lo bueno de Kirchner’. Es un razonamiento raro.

En el plano comercial, se venden menos diarios y revistas, tal vez por el avance tecnológico y porque la gente está leyendo cada vez menos, me refiero al papel. 
No creo en la excusa de leer menos. Si la gente lee menos es porque nosotros no sabemos llegarle a la gente. Cuando dicen ‘los jóvenes no leen’, es mentira. Porque en esta época, y más con las tecnologías, lo único que hacen es leer.

Se lee otra calidad… 
No importa, pero se lee. Se lee en inglés muchísimo más de lo que se leía nunca. Se escriben muchísimas más cartas que en la época del Romanticismo. Yo en la recontra puta vida escribí una carta y ahora escribo mails todo el tiempo. Lo que pasa es que estamos en el medio de un cambio cultural. Con los medios está pasando algo muy interesante, porque todos los medios vuelven a ser experimentales. En los próximos 10 o 20 años van a sintetizar todo en Internet. Ya está pasando en el mundo pero acá va a pasar dentro de unos años. Eso significa rediscutir todos los formatos y generar formatos nuevos. En la radio estoy haciendo transmisión en HD: es un delirio, la radio se ve por Internet y a la vez salgo por aire. Por ejemplo, cuando hacíamos Página 12, nos preguntábamos si el diario tenía que tener secciones de espectáculos, deportes, cartelera de cine… No dimos nada por supuesto. Eso mismo están viviendo los medios electrónicos ahora.

¿Cuál es tu relación con la tecnología? No tenés Facebook ni Twitter y tu página web está desactualizada. 
No tengo Facebook ni Twitter porque no necesito expresarme en otro medio. Estoy todos los días en la radio, una vez por semana en la televisión y escribo una columna en Clarín. Mi capacidad de expresión ya está saturada. Entiendo que la gente entre a las redes sociales porque no puede expresarse en otro lado. Es curioso lo que pasa conmigo, tengo en Twitter como seis cuentas de Lanatas falsos y uno tiene como 400 mil seguidores. En Facebook lo mismo. Y la gente sabe que son falsos, pero los sigue… No entiendo. Y mi relación con la tecnología tardó en darse, de hecho cuando informaticé Página 12 yo seguía trabajando en la máquina de escribir. Todos tenían computadora menos yo, que era el director. Era absurdo. Pero hubo un momento, cuando escribí ‘Cortinas de Humo’, que fue un libro sobre los atentados de la AMIA, que la cantidad de información que tenía era tan grande que no tenía cómo guardarla. A partir de ahí empecé a laburar con la compu. Lo de la página web tuvo que ver con un momento en que yo estaba fuera de los medios y armé la página, pero después quedó ahí. Y la dejé por el tema del archivo, por ejemplo hay viejos programas de radio de ‘Hora 25’ que de otra manera no tendrían sostén.

¿Internet se puede convertir en un gran negocio periodístico? Hace años armaste el portal Data 54 pero no te fue bien. 
Mi experiencia en Internet económicamente siempre fue un desastre. Con el portal Data 54 perdimos 1 millón de dólares y con Crítica Digital (Nota: la web del diario Crítica) también nos fue mal. Por ahora Internet no es un negocio potable, no hay manera de bancar una estructura informativa. Capaz que podés bancar una cosa chiquita como un blog, pero en cuanto tenés una redacción de 40 o 50 personas cagaste, es imposible.

1987 - pagina12 - 26-5-87Fuiste fundador de Página 12, armaste el programa de tele Día D, la revista Veintitrés,  abriste el diario Crítica… Es decir, siempre construiste marcas nuevas, como mencionaste al principio. Ahora trabajas para Clarín como empleado. ¿Por qué se da este cambio? 
Tiene que ver con… (piensa). A ver, vos lográs la independencia de distintas maneras en este laburo. Una es ser vos mismo el propietario, lo cual es muy riesgoso y tenés que saber hacerlo. No soy un buen empresario, pero sí sé generar la guita. Entonces para mí es más fácil y es más tranquilo generar un producto que le deje guita a otro y que me permita vivir a mí, que generarlo yo con mi propia guita. ¿Qué independencia me da hacerlo para otro? El rating. Si lo que hago es popular y es un buen negocio para los demás, va a ser un buen negocio para mí, no solamente en lo económico, sino en que me voy a cagar en todo el mundo, me van a necesitar y a dejar hacer lo que quiera. Por eso prefiero últimamente hacer esto. Siendo propietario, al final, dejás tu vida. Y cuando perdés, perdés todo.

Esa experiencia la viviste hace unos años con el diario Crítica, que no tuvo publicidad oficial y muy poca privada. ¿No fue un error no haberlo previsto antes de la salida del diario? 
El primer error que siempre se comete en un medio cuando lo lanzás es muy técnico: es lo que se llama el plan de negocios. Tenés que pensar que vas a perder plata en los próximos dos años y también de dónde carajo la vas a sacar. Si no hacés eso, es al pedo ponerte a hacerlo. Aún teniendo un buen plan de negocios, también podés fracasar. En Crítica teníamos un buen plan de negocios, pero no contábamos con que el Estado nos boicoteara. Hicimos una cuenta muy tonta: con una página de publicidad por día, el diario se bancaba. No la tuvimos nunca. Claro, teníamos al entonces presidente Kirchner boicoteándonos, llamando a las empresas para que no nos pusieran publicidad. Era una pelea muy despareja. Y se perdieron 6 millones de dólares. Yo perdí 600 mil. No pude perder más, me licuaron y me fui. No se puede bancar a un diario con la venta de ejemplares. Ni Página 12 se bancó así: cuando salió, vendía alrededor de 30 mil ejemplares. Y recién llegó a vender 100 mil al quinto año. Ahí estuvo en equilibrio. Todo es encantador en los bares, pero después en la vida real, cuando tenés que pagar los sueldos, es un quilombo.

Ahora un medio es casi un rehén de la publicidad oficial.
Afortunadamente nosotros no tenemos publicidad del Estado. Ni en la tele ni en la radio. Es increíble e injusto. Hoy, el 80 % de los medios son del Estado, directa o indirectamente. Es un deliro, pero es así. Y eso altera muchísimo los contenidos. La idea de medios que se tiene desde el gobierno es irreal: vos no creás por decreto la audiencia; se crea con talento.

Y la gente se da cuenta de que eso no es periodismo, sino propaganda. 
Obvio, la gente no es tonta. Al punto que esos medios no existen. El Estado nunca tuvo una estructura de medios de propaganda tan grande como ahora. Ni en los años 50. Y esos medios no tienen audiencia. No tienen un diario de 20 mil ejemplares. No tienen un programa de TV de 5 puntos de rating. No tiene un programa de radio que vaya tercero o cuarto. La gente no es tarada.

¿Cómo te caen esas encuestas que te ubican como una de las personas más influyentes del país? 
Si mi tía viviera me gustaría mostrárselas a ella (risas). Qué se yo, está todo bien, pero a mí me importa la reacción de la calle. Y hasta ahora, de 100 tipos que me saludan, 2 me putean y 98 me gritan ‘genio’. Mientras eso pase, esta todo bien, y realmente las encuestas me importan un carajo. Es lindo, es vanidoso, pero no me cambia nada.

Es raro lo de las encuestas, porque hasta hace dos años estabas casi en el ostracismo. 
Lo que pasa es que estaba laburando afuera del país. En una carrera nunca podés estar todo el tiempo arriba. Una carrera es a lo largo. He tenido todo tipo de situaciones, estuve bien, estuve mal, pero es algo lógico. Cada tanto hago algo que explota, pero no puedo estar condenado a que siempre me vaya bien. A veces te va bien, otras no. Creo que a uno le empieza a ir bien cuando pierde el miedo al fracaso. La mayoría de la gente no se anima a las cosas por miedo a fracasar. Y después te das cuenta de que no pasa nada si perdés. Te levantás y seguís. El mundo no depende de nosotros. Muchas veces uno es su peor enemigo, cuando dice ‘no voy a poder’. ¿Y cómo lo sabés si no lo intentaste? Y tampoco tratar es tratar sólo una vez, sino un montón de veces. Tengo 52 años, laburo desde los 14, imaginate si traté. Uno cree cuando empieza que el mundo se va a detener a escuchar mi genialidad. Es una estupidez. Lo que hay que hacer es laburar, escribir, tratar de ser mejor. Y esperar. Y tratar de confiar y de llevar adelante de una idea. El tema no es tener una idea, sino llevarla adelante. Porque ideas tiene todo el mundo, pero el tema es hacerlas. Yo escuché millones de ideas de diarios mejores que Página 12, pero nadie los hizo.

Pasaste por todos los formatos, pero venís de la prensa escrita. ¿Dónde te sentís más cómodo? 
Soy un tipo de la gráfica. Yo escribo. Nunca lo dejé de hacer.

En el libro de Majul, Alfredo Leuco opina que sos un poco vago.
¿Cómo es eso?

Bueno, él dice que no sos un gran analista político ni un buen investigador, pero sí el más creativo. 
No sé, yo he hecho de todo. Pero no soy analista político. Soy periodista. Me gusta cubrir cosas, estar en la calle.

Más cronista que articulista. 
Sí, totalmente. Me gusta contar historias. Siempre digo que no hay malas notas: hay malos periodistas. Es fácil hacer una buena nota con Obama, porque todo lo que te diga es nota. El problema es cómo hacer una buena nota con el mozo del bar. Y el mozo tiene una historia para contar, estoy seguro. Cualquier persona la tiene. Bueno, tenemos que saber cómo contar esas historias.

En gráfica, ¿qué es lo que más te gusta, ya sean diarios o revistas? 
Últimamente no encuentro nada que me guste mucho. Obviamente leo de todo, hasta revistas idiotas, porque tiene que ver con mi laburo. En América Latina me sigue pareciendo buena La Folha de Sao Paulo. Cayó muchísimo El País de España, era mejor antes. The Independent de Londres me gusta. En revistas hace mucho que no leo nada que atraiga. La New Yorker no esta mal, después hay una de Uruguay que se llama Búsqueda, que es aburrida pero es seria.

¿Y de Argentina? 
Acá leo La Nación, Clarín, Perfil. Me gusta más La Nación que Clarín. Pero me parece que La Nación se perdió la oportunidad de ser el Washington Post moderno, es decir un diario moderno de centro derecha. Tuvieron un problema de dirección, no sintonizaron tanto con la época.

¿Noticias? 
A Noticias se le agotó el formato, hace falta algo un poco más nuevo. Lo intenté con Veintitrés cuando salió, la idea era hacer algo más moderno que Noticias. Pero  realmente hace mucho tiempo que no veo algo que diga ‘guau, lo compraría’. Me aburre bastante todo. Y no veo cosas bien escritas. Creo que la buena escritura quedó en el olvido.

*Esta entrevista está publicada en el Número 1 de la Revista Nuez Moscada. Para leer la edición digital, ingresá en Issuu o Scribd

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Por Alexis Socco No necesita presentación. Aquel que quiera más datos sobre Jorge Lanata puede ir a la Wikipedia. O leer el libro que lanzó Luis Majul a fines del año pasado, que se convirtió en un éxito de ventas y donde toda su vida está muy bien condensada, con datos...

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