Gustavo Cordera“Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente”, manifestó Gustavo Cordera en una escuela de periodismo, cuya directora, Ingrid Beck, es una de las ideológas del movimiento #NiUnaMenos. “Para los estudiantes fue un momento periodístico interesante”, se limitó a decir ella. Los entretelones de una falsa comedia.

Por Alexis Socco

Existen ciertas relaciones falsas basadas en los prejuicios ideológicos. Aquí, tomando prejuicio en connotación positiva. Es decir, yo me relaciono con x otro, porque x otro ‘me parece’, ‘creo’, ‘me da la impresión’ o ‘estoy seguro’ que ideológicamente es parecido a mí: tenemos los mismos valores, códigos o creencias. ¿Cómo llegamos a esta certeza? Por prejuicios. El prejuicio -definido como “opinión preconcebida, generalmente negativa, hacia algo o alguien”- de creer que el otro es como uno cree que es. Y no como el otro, en realidad, es.

Este pequeño preámbulo llega a propósito de la controversia generada por el músico Gustavo Cordera a raíz de sus declaraciones en TEA Arte, Escuela de Periodismo especializado en Arte, Cultura y Espectáculos que tiene su sede en la ciudad de Buenos Aires. Allí, en el marco de sus clases, invitan a una personalidad conocida de la cultura para que los alumnos le realicen una especie de conferencia de prensa para que hagan prácticas, dentro de la norma explícita de no publicar el contenido. Lo que queda en esa ‘conferencia de prensa’, muere ahí. Esta semana no fue así.

Uno de los alumnos, Jonatan Dalinger, publicó en su cuenta de Facebook lo que sucedió cuando Gustavo Cordera se presentó en el lugar. El músico, ex cantante de Bersuit Vergarabat, dejó para el recuerdo frases como “es una aberración de la ley que si una pendeja de 16 años con la concha caliente quiera coger con vos, vos no te las puedas coger“, en referencia a las denuncias por abusos sexuales que se presentaron contra músicos como Cristian Aldana de El Otro Yo y Migue de La Ola Que Quería Ser Chau. El Pelado Cordera añadió que “si yo tengo algo bueno para darte puedo desvirgarte como nadie en el mundo” y que “hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente“.

Bien. Hasta aquí no se discute la libertad de pensamiento y expresión de Cordera, sino su pensamiento, para algunos tal vez retrógrado y reaccionario, para otros aberrante. Lo que se quiere poner en discusión en esta nota es la estrecha complicidad -aunque no deseada- de los mentores de la escuela para con el pensamiento del músico. TEA Arte es dirigida por la periodista Ingrid Beck, entre otras cosas directora de la Revista Barcelona y cuyo Twitter es #NiUnaMenosIngrid, en virtud de ser una de las mentoras del movimiento #NiUnaMenos que nació el año pasado contra la violencia machista y que ha servido para visibilizar la lucha del movimiento de mujeres por la igualdad en todos sus niveles. Beck, lógicamente, debería haber reaccionado ante las palabras de Cordera, pero lo que único que aclaró en Twitter es que “por supuesto que no estoy de acuerdo con los dichos de Cordera, pero creo que para los estudiantes fue un momento periodístico interesante”.

Por supuesto que no estoy de acuerdo con los dichos de Cordera, pero creo que para los estudiantes fue un momento periodístico interesante.

— #NiUnaMenosIngrid (@soyingridbeck) 10 de agosto de 2016

Antes, había agradecido la presencia de Cordera en la escuela, aunque después este tuit lo borró:

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En la página de Facebook, lo que aclaró TEA Arte fue lo siguiente:

Entonces, Beck está sosteniendo un discurso cuanto menos hipócrita. Por un lado, es una de las ideólogas de #NiUnaMenos. Por el otro, avala el pensamiento -aunque no lo comparte- de su invitado, por estar en una posición políticamente correcta con respecto a su ideológía. Podríamos aseverar que, a priori, Cordera y Beck son dos personas ‘progres’, ¿de izquieda?, con cierto concepto compartido sobre un ideal de sociedad, que estaría en las antípodas de otros personajes marcados socialmente por una cruz opuesta. ¿Qué hubiera pasado si esos mismos dichos nacían de la boca de un Horacio Rodríguez Larreta, por poner el ejemplo de alguien considerado ‘el enemigo’ o que está en el lado opuesto de esa noción de ideal de vida?

Y aquí quiero volver al principio -y disculpen por el verbo en primera persona, algo que no suelo hacer-: el prejuicio y la hipocresía. Muchísima gente juzga a las personas sin tener cabal conocimiento de ellas. Y aunque esa persona, al final, reconozca para sí el error cometido de haber creído algo que no era, sin embargo la sostiene. ¿Con qué fin? Para no quedar fuera de ese bando imaginario al que pertenece, el cual constituye, tal vez, su capital social. En otro ejemplo, tan actual en la sociedad argentina, no quedaría nada bien ante sus simpatizantes, colegas o amigos que un peronista reconozca la labor de un macrista, aunque íntimamente lo ratifique.

Así estamos. Enmarcados en una lucha de capital social que cada vez más está perdiendo su eje. Ni Cordera ni Beck son lo mismo y con seguridad sus pensamientos deben ser bien dispares. Pero no pueden enfrentarse. O uno no puede confrontar públicamente con el otro: su representación social se vería dañada. Hipocresía viene del latín ‘hypocrisis’ y del griego ὑπόκρισις (hypokrisis) y significan “actuar o fingir una respuesta”. Mucho de eso hay acá.

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'Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo porque son histéricas y sienten culpa por no poder tener sexo libremente', manifestó Gustavo Cordera en una escuela de periodismo, cuya directora, Ingrid Beck, es una de las ideológas del movimiento #NiUnaMenos. 'Para los estudiantes fue un momento periodístico interesante', se...

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