retrooooSe reestrenan en los cines “Los bañeros más locos del mundo” y “Tango Feroz”. Paul McCartney y los Rolling Stones aseguran volver a la Argentina en 2015. Roger Waters llenó casi 10 estadios de River recreando The Wall. Adolescentes corean “Persiana Americana” de Soda Stereo por Agapornis. La nostálgica serie “Graduados” tuvo fuertes picos de rating. Se cumplen 20 años del Canal Volver. “Veo un museo de grandes novedades”, dice una vieja canción. ¿Será que el pasado está obstinado a repetirse o a reinventarse eternamente? ¿Nos hemos vuelto demasiado “retro”?

Por Marcelo Baltar

Si uno naturaliza que el nuevo disco de su artista favorito probablemente sea un “grandes éxitos en vivo”, o que el nuevo estreno cinematográfico que se reservó para el jueves sea un clásico “restaurado”, o que lo más interesante del Museo de Arte Contemporáneo haya sido la recreación de la legendaria muestra de los colchones de Marta Minujín… es porque tal vez uno se ha vuelto un sujeto “retro”.
Sobre ese tema tan recurrente en este nuevo milenio, se explayó el crítico musical inglés Simon Reynolds en libro “Retromanía” (Ed. Caja Negra, 2013). En un mundo contemporáneo plagado de reediciones aniversario de discos, de reestrenos de películas, de bandas que regresan (o que nunca terminan de separarse), de reciclados programas de TV, de reestrenos teatrales, este autor se pregunta ‘¿Qué sucederá cuando nos quedemos sin pasado?’. Según Reynolds, los avances de la tecnología, paradójicamente, han sido esenciales en este boom por lo retro, que tiene su mayor esplendor a partir del año 2000. Sitios como Youtube han contribuido a este culto al pasado, en el sentido en que muchos de los usuarios que suben videos han hecho especial hincapié en poner en la web programas de TV de décadas pasadas, material inédito de bandas de rock, olvidadas (u olvidables) películas clase B, publicidades en blanco y negro y todo tipo de material retro. Contrariamente a lo que se sospechó en sus inicios, Youtube no se convirtió en aquel sitio para que la gente vea material reciente, sino que se transformó en la gran biblioteca virtual de acceso inmediato principalmente a nuestro pasado audiovisual. Pero ¿qué es lo retro? De acuerdo a lo que sugiere Reynolds, lo retro sería la valoración por las manifestaciones culturales de un pasado reciente (no más de 30 o 40 años). A diferencia de los anticuarios, que valoran objetos de épocas que no vivieron, lo retro remite a épocas vividas por las que se tiene cierta añoranza; épocas en las que la creatividad y la innovación eran moneda corriente.

El paraíso perdido de los años 50 y 60

Uno de los períodos más idealizados en el mundo, y particularmente en Argentina, es el transcurrido durante las décadas del 50 y del 60. Esa veneración se empezó a notar a fines de los años 80, con ciertos programas de TV de archivo como “La década del 60” (conducido por Pinky), algunas versiones remix de clásicos del rock and roll, y publicidades con viejas canciones como “Oh Carol” de Neil Sedaka, “El gran simulador” de Los Plateros y “Rompan todo” de Los Shakers. Como ya es sabido, esas décadas de mitad de siglo tuvieron como claros protagonistas a jóvenes y adolescentes (frutos del “baby boom” de posguerra) que habían sido tradicionalmente ignorados por el mundo adulto pero que para ese entonces ya estaban integrados a una sociedad de consumo de la cual también se rebelaban. Los años 50 del rock and roll y los 60 del hippismo y la psicodelia, son recordados como una época de un fuerte deseo de ruptura generacional. Ese “querer diferenciarse” del mundo adulto seguramente fue el combustible para buscar nuevas metas artísticas, ideológicas, políticas, estéticas, que hoy son recordadas casi como epopeyas heroicas de un tiempo al que se desea volver. Como algunas veces sostuvo Charly García, da la sensación de que en esa época las cosas se hacían “de ida”, es decir yendo hacia adelante, o citando a Antonio Machado, “haciendo camino al andar”.
Tampoco es casual que ese revival ocurriera al finalizar la década del 80, cuando todo el caudal tecnológico y creativo de aquel momento parecía agotarse. Esos años “dietéticos” de Ronald Reagan y de la vuelta de la democracia en Argentina, hoy son observados casi risueñamente como híper “modernos” y tecnificados, con el boom de la música tecno, los videoclips, los efectos especiales de las películas de Spielberg, los videojuegos, y muchos otros inventos que indicaban que los 80 eran el sumun del futurismo. Sin embargo, la década del 90’ mostraría una desaceleración de esa carrera loca por lo moderno, y ya entrado el nuevo milenio se observaría una constante pasión por lo retro.

¿Mejor malo conocido?

Así como Marshall McLuhan sostuvo hace varias décadas que las telecomunicaciones ayudaban a borrar fronteras espaciales (la famosa “aldea global”), se puede inferir también que las tecnologías digitales estarían borrando las fronteras temporales. Retomando el análisis que hace Simon Reynolds, la creación de los i-pods (o los celulares con mp3) ha sido crucial para que la música de nuestra vida cotidiana deje de reflejar el momento presente y nos lleve hacia otros momentos de nuestra existencia. La posibilidad de cargar la tarjeta de memoria del celular con nuestros temas preferidos nos asegura escuchar exclusivamente canciones conocidas y de nuestro agrado. Atrás quedaron los tiempos en que uno se sentaba a escuchar un programa de radio esperando sorprenderse con nuevas canciones. Esto se nota particularmente en la generación de quienes ya superaron los 30 años y añoran la música de los 80’. Es muy difícil que las canciones nuevas del Top 40 que pasan por radio generen el mismo placer que las 150 canciones guardadas en el celular, con las que uno se crió, bailó, y se emocionó tiempo atrás. Pareciera que el escurridizo tiempo presente no puede hacerle frente a las bondades del pasado. Y esto, que se nota muy claramente en la música, también se percibe en otros consumos culturales como el cine, la TV, los libros, el teatro y hasta en la vestimenta. Algunos programadores de televisión parecen haber recogido el guante de este boom por lo retro. La exitosa serie “Graduados” (Telefé, 2012) evocaba un ir y venir entre el tiempo actual de unos protagonistas cuarentones con el añorado pasado ochentoso de cuando eran compañeros de secundaria. Dos años después aparece “Viudas e Hijos del Rock and Roll”, en una veta similar, donde las distintas etapas de la vida de los protagonistas van y vienen, rondando los años 80 y 90. Y desde hace años en Mar del Plata, una de las principales radios FM, la 103.3, basa su musicalización casi exclusivamente en canciones de los años 70 y 80. También se nota que la franja etaria que va desde los 40 a los 60 es la destinataria de gran parte del material que ofrece actualmente la industria cultural: reediciones de viejas películas en formato blue-ray, discos clásicos del rock remasterizados y reediciones actualizadas de libros con capítulos extra. Este público no sólo es el que celebra cada una de estas publicaciones, sino que es también quien tiene un resto económico para adquirir esos productos, y es quien aún conserva el apego por este tipo objetos y por su packaging.

20 años no es nada

Sin embargo, no todo el sentimiento “retro” remite únicamente a los años 60 o a los 80. La historia indica que suelen haber ciclos, aproximadamente cada 20 años, en los que naturalmente surge algún tipo de revival. Al respecto, el investigador Keir Keightley sostiene que hay dos maneras de buscar la “autenticidad” en el arte. Una es desde una actitud basada en el romanticismo, que procura siempre volver a las raíces, a la naturaleza, despojándose de toda tecnología y manteniendo una continuidad con el pasado; y otra es desde el pensamiento de la modernidad, basado en la innovación tecnológica, la ruptura con el pasado y la experimentación. Desde este razonamiento, se podría argumentar que los distintos fenómenos retro suelen provenir de alguna de estas dos actitudes. Se hurga en el pasado para volver a las raíces y a la simpleza de determinada expresión artística (ej. el punk), o bien se vuelve al pasado como reconocimiento a alguna etapa de avance y experimentación (ej. la música electrónica).
Respecto de esta cuestión cíclica de lo retro, la diseñadora textil y gráfica Loli Kloberdanz, explicó a Nuez Moscada lo que ocurre con la indumentaria: “Desde mi punto de vista, siempre hubo influencias o referentes de anteriores movimientos artísticos y estéticos (cine, fotografía, decoración, música, literatura y estilos de vida entre otros). Periodos culturales en los que se reflejaba un tejido de influencias de usos y costumbres. Cierta tendencia cíclica en periodos de 20/30 años: colores, formas, texturas expresiones que alternadamente recobraban vida. A partir de la globalización y la explosión digital de los últimos 20 años, estos procesos se aceleraron y fragmentaron. Ya no está tan definido que las tendencias de moda refieran sólo a una época o inclusive a determinado sector del globo, se aplanó la pirámide: las influencias son multidireccionales”.
Evidentemente lo “retro” se ha apoderado de nuestro presente. El infinito océano de información que provee Internet, nos regala a diario un barril sin fondo de recuerdos, con el cual -como en el Delorean de “Volver Al Futuro”– uno puede viajar a cualquier imagen o sonido de un pasado más o menos lejano que miles de usuarios de la web se encargan de alimentar a diario. Lo retro también estará “presente” cada vez que reneguemos o le seamos indiferentes a las manifestaciones culturales que se están generando ahora. La comodidad de lo conocido, los prejuicios hacia lo no conocido, y la posibilidad de revolver la olla de un pasado en crecimiento, convierten a la actualidad en algo frágil, e irónicamente… lejano.

Esta nota está publicada en el Número 6
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Se reestrenan en los cines “Los bañeros más locos del mundo” y “Tango Feroz”. Paul McCartney y los Rolling Stones aseguran volver a la Argentina en 2015. Roger Waters llenó casi 10 estadios de River recreando The Wall. Adolescentes corean “Persiana Americana” de Soda Stereo por Agapornis. La nostálgica...

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