Big-AssTiene sus orígenes ancestrales, cuando los primeros pobladores de la tierra caminaban en cuatro patas y el culo estaba a misma la distancia de los ojos. La filosofía lo adhiere al punto G de la mujer y el sexo anal. Los sexólogos confirman el poderío de quien lo obtiene. Y la teoría de la culocracia advierte su rol de entretenimiento vacío y estático.

Por Alexis Socco

Si algo desvive en gran parte a hombres y mujeres es el culo femenino: a ellas, para mantenerlo ‘en forma’; a ellos, para deleitarse con el panorama. Y aquí, cabe preguntarse: ¿por qué atrae tanto un culo? En otras latitudes, el culo no es lo que más observan los hombres a las mujeres, sino su parte delantera (llámenlo como quieran: lolas, mamas, tetas, tits). Pero en Argentina, el gran vencedor es el culo. ¿Científicamente? las razones por la cuales los hombres miran y gustan del trasero femenino se dice que son dos y que ambas tienen origen en los ancestros.

En primer lugar, porque los primeros pobladores que pisaron la tierra supuestamente mantenían relaciones sexuales en cuatro patas; de ahí, que lo principal que atraía al macho era justamente la parte trasera. Y la segunda razón también tiene su origen ancestral: los machos se fijaban en las mujeres con las caderas más amplias, ya que eso garantizaba que los bebés nacerían de una forma más fácil y no morirían como ocurría con las mujeres que tenían las caderas más estrechas. Esa fijación por el culo permanece en la mente humana hasta nuestros días. Según el mediático sexólogo Juan Carlos Kusnetzof, la preferencia por el culo nos deviene del mundo animal: el trasero de algunos animales apunta hacia la zona de la que viene la tormenta. “Los varones tienen una mirada reduccionista, fija en una sola zona. Las nalgas son un fetiche“, advierte Kusnetzof. Para el psicoanalista Norberto Inda, el culo es un elemento muy atractivo para los varones “porque casi siempre connota poder, por eso el sexo anal sigue siendo una forma de dominio“.

Por atrás

Vayamos a un plano filosófico: dice el alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (1646 – 1716) que el motivo de la atracción de los hombres hacia el culo siempre proviene del punto G. Para él, ningún culo debe ser lo suficientemente blando ni duro, sino que debe tener su punto justo de elasticidad, ya que es el propio culo el que permite el ajuste adecuado entre dos sujetos. Según Leibniz, en el plano sexual, para entender la relación entre dos sujetos, siempre debe haber un agente elástico, que amortigua el impulso del sujeto activo y devuelve después el impulso recibido de un modo progresivo (sin entrar en detalles, háganse su propia idea de la figura). Los antropólogos afirman que de 193 especies de primates, sólo los humanizados tienen nalgas esféricas que se proyectan hacía afuera. Es decir, para nadie más que nosotros y alguno que otro simio, las nalgas son objeto de deseo. El ser humano es el único primate que se aparea de manera frontal. En las demás especies primates el macho aborda a la hembra por detrás y ella utiliza unas nalgas enrojecidas y aumentadas de tamaño como señal de que está lista para el apareamiento. Y ahí estaría el secreto de la atracción que los hombres sienten por el culo femenino: la impresión de que ella está siempre preparada sexualmente.

Anatómicamente, las nalgas femeninas poseen mayor volumen que las masculinas debido a la presencia hormonal de los estrógenos en el organismo femenino que promueven la acumulación de grasa en la zona pélvica, incluyendo las nalgas y los muslos. Por ello la testosterona, a diferencia de los estrógenos, inhiben la acumulación de grasa en la zona pélvica, por lo que las nalgas masculinas suelen tener un menor volumen. En su libro ‘Follar y Filosofar, todo es empezar’, el español Manuel Luna Alcoba también deja en claro algo esencial: al culo, fuente de excitación y deseo del otro, no lo vivimos como fuente de placer cuando se trata del nuestro, sino como fuente de dolor. “Todos queremos penetrar el culo de otro, pero no queremos que nos penetren el nuestro“.

Cuatro patas y culocracia
colareefLa sexóloga alemana Ingolere Ebberfeld es una experta en el tema y halló el origen de la atracción del trasero femenino -según un estudio que tituló ‘El erotismo de las nalgas’- en la prehistoria de la raza humana: los monos. “Las hembras atraen a los machos moviendo el culo y la hembra es fecundada por detrás”, argumenta la catedrática de la Universidad de Bremen. Ebberfeld admite que el impulso de observar la parte trasera del cuerpo no puede controlarse y que forma parte de la mirada atávica de nuestros antecesores, en una época de la evolución en que la mirada y el trasero se encontraban a la misma altura, ya que se caminaba en cuatro patas. Cuando el hombre comenzó a moverse en dos piernas, y ya no en cuatro, el trasero quedó vedado a primera vista. No hay que dejar de mencionar el poder en los medios que ejerce el culo, preferentemente en la barata TV de nuestros días.

Justamente, el filósofo José Pablo Ferinmann editó un libro llamado ‘Filosofía política del poder mediático’: allí le dedica un capítulo a la ‘culocracia’. ¿Que dice Feinmann? Que el culo, hoy, es el gran aliado del establishment. En el plano mediático, mientras alguien mira un culo, sólo ve eso, un culo. No piensa, no siente, no se indigna, acepta todo. “Es una totalidad cerrada. Es sólo un hombre mirando un culo. La culocracia es la imagen hegemónica de la modernidad informática. Se viven los tiempos de la globalización. Un globo es redondo. El culo es redondo y hasta el epítome -lo fundamental- de la redondez“. Para Feinmann, ahora se busca idiotizar y dominar al sujeto, y de ahí viene la culocracia, que es “uno de los elementos del entretenimiento al servicio de la seducción, el aniquilamiento de la subjetividad a través del sexo“.
Con todas estas explicaciones, queda en claro por qué el culo femenino es objeto de deseo. Conscientemente o no, esa redondez (a veces perfecta) atrae la mirada masculina por encima de cualquier otra parte del cuerpo.

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Tiene sus orígenes ancestrales, cuando los primeros pobladores de la tierra caminaban en cuatro patas y el culo estaba a misma la distancia de los ojos. La filosofía lo adhiere al punto G de la mujer y el sexo anal. Los sexólogos confirman el poderío de quien lo obtiene....

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